Buenos Aires, Martes, 30 de Mayo de 2017

Camino a otro Bicentenario

 

Escribe el Dr. Hugo C. Perri

En virtud de lo dispuesto por la Ley 12.361, el 20 de junio de cada año se recuerda el fallecimiento de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y se celebra el Día de la Bandera que creó. Qué no puede decirse de este abogado, economista, periodista, promotor de la educación, diplomático, político y militar. O, si se prefiere, qué hay para agregar sobre el prócer que no se sepa. Prácticamente nada. No obstante, dado que vamos camino a otro Bicentenario, la ocasión es propicia para resaltar un hecho que protagonizó. El 27 de febrero último pasó casi desapercibido, aún para quienes tenían la obligación de evocarlo, salvo la crónica que al respecto realizó Felipe Pigna en la revista dominical de un conocido matutino.

Ese día del año 1812 en Rosario, a orillas del río Paraná, al pie de la batería de artillería Independencia y alrededor de las seis y media de un sereno atardecer, Belgrano le hizo prestar a sus oficiales y soldados juramento de fidelidad a la enseña patria. La fórmula utilizada rezaba: ”Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad”. La bandera que tenía los colores de la escarapela, cosida jornadas antes por doña María Catalina Echavarría de Vidal, fue bendecida por el presbítero doctor Julián Navarro que era cura párroco de la Capilla del Rosario. Es obvia la exclamación que dieron por respuesta.

Previamente Belgrano la había enarbolado por primera vez. Fiel a su estilo sencillo y humilde, esa honrosa misión no la cumplió él sino que se la confió al ciudadano santafecino Cosme Damián Maciel. Lo distinguió en reconocimiento a sus desinteresados servicios civiles brindados a la causa nacional como constructor de embarcaciones. En aquella ocasión el general le dijo: “Cosme, comience a subirla cuando yo alce el sable”. Y así se ejecutó el histórico mandato que, desde entonces, se repite a lo largo y ancho del país cuando el protocolo lo exige. Una escultura próxima al Monumento Nacional a la Bandera, que lo pinta de cuerpo entero y mirando hacia el río, perpetúa su memoria.

Es de esperar que el año venidero se lleven a cabo las ceremonias conmemorativas que este acontecimiento impone por su trascendencia institucional. Está involucrado uno de los emblemas máximos de la argentinidad, acerca del que José Francisco de San Martín dijo: “la bandera es el símbolo de una nación y el signo de reunión en el campo de la gloria”. No pueden caber excusas. En su defecto, Dios y la Patria nos lo demandarán.

El autor es vecino florense, abogado y periodista.