Buenos Aires, Jueves, 20 de Julio de 2017

Salud Mental en el Hospital Borda

por Bonato Juan Manuel
Daiana Gargano Lic. en Psicología

En el barrio de Constitución, desde 1865 existe el Hospital Psiquiátrico cuyo nombre todos conocemos como “El Borda”. Muy lejos de aquellos años, hoy sus paredes cuentan la historia de miles de personas; la vida, el sufrimiento y el abandono de quienes han traspasado sus puertas y han permanecido allí durante mucho tiempo.

A instancias del cierre de los hospitales manicomiales del país en cumplimiento de la Ley de Salud Mental Nº 26.657, aprobada por el Congreso Nacional en 2010 por obra del actual Gobierno de la Ciudad Buenos Aires, quiero acercarles una experiencia que llevo a cabo desde principios de este año en el Hospital Borda y compartir aquello de lo que las paredes no hablan.

Los sábados por la mañana asistimos al hospital junto a un grupo de profesionales para llevar a cabo el taller de plástica “Composiciones”, que todos los años brinda una propuesta diferente a los pacientes que están internados en el Servicio N° 65 y a aquellos que fueron externados del mismo.

Quien conozca un poco cómo funciona el hospital sabe que en él funciona la emisora de LT22 Radio La Colifata, gestionada por los propios internos; y que además funcionan diversos talleres como “Pan del Borda”, “Cooperanza” y “Frente de Artistas”.

Este año el lema de nuestro taller es Hacer es cultura. Bajo la coordinación de Eduardo integramos el equipo Alejandra y Silvana, artistas plásticas; Josefina, psicomotricista y Alberto, Sebastian y Daiana, psicólogos. La propuesta es la realización de una escultura que represente alguna actividad u oficio con la cual los pacientes puedan identificarse e integrarse en la sociedad, ya que consideramos importante prepararlos para cuando llegue el día de la externación, temporaria o definitiva.

El arte como terapia permite poner en juego aquello que no puede expresarse en palabras. Los pacientes son convocados a desplegar sus capacidades creativas. El taller sirve como medio para exponer sus temores y desarrollar sus habilidades. Nosotros, los talleristas, que también estamos convocados a la propuesta, aportamos las herramientas necesarias para afrontar las situaciones que la vida les presenta. Es así que nuestras intervenciones pueden conducir al logro de las modificaciones cognitivas, conductuales y emocionales de cada sujeto.

Una de las cualidades fundamentales del arte es que permite acceder hasta lo más profundo del ser, donde se esconden emociones y sentimientos, y entonces trasciende el valor estético transformándose en un instrumento de conocimiento para cada sujeto.

Es una maravillosa experiencia ser parte del taller. Conversar con los talleristas y los pacientes. Ayudarlos a realizar el trabajo en compañía de vez en cuando de la música. Resulta sorprendente ver que de los bocetos salen las ideas y luego las esculturas se erigen. Más asombroso es ver cómo los materiales toman forma y una caja de cartón puede ser una cámara fotográfica, el telgopor el cuerpo de un ave, los hilos el sostén de un trapecista también hecho de hilo. Cómo todo se transforma…

Reflexionando un poco más, lo que me impacta por sobre todas las cosas es ver cómo los  pacientes, en condiciones en las que no estamos acostumbrados y que han sido noticias en los últimos tiempos, se aferran a la vida y se sueltan a crear.

Pienso en la pobreza, en la marginación, en la locura. Pienso que estos hombres son unos avezados de vivir en este mundo. Ellos se levantan para hacer todos los días lo mismo, adentro o afuera de los muros del hospital, como el común de la gente en la oficina, en la escuela, en el consultorio. Tienen ansias, pero son pacientes y esperan lo que vendrá. Pienso en su futuro, veo su presente.

En 1919 Freud escribía[1] los “Nuevos caminos de la terapia Psicoanalítica” y presagiaba:

“Querría considerar una situación que pertenece al futuro y a muchos de ustedes les parecerá fantástica; sin embargo, merece, a mi criterio, que uno se prepare mentalmente para ella (…) Ustedes saben que nuestra eficacia terapéutica no es muy grande. Sólo constituimos un puñado de personas (…) Con relación a la enorme miseria neurótica que existe en el mundo (…) Por el momento nada podemos hacer a favor de las vastas capas populares cuyo sufrimiento neurótico es enormemente mas grave.

Ahora supongamos que una organización cualquiera nos permitiese multiplicar nuestro número hasta el punto de poder tratar grandes masas de hombres. Por otro lado, puede preverse que alguna vez la conciencia moral de la sociedad despertará y le recordará que el pobre no tiene menores derechos a la terapia anímica que los que ya se le acuerdan en materia de cirugía básica. Y que las neurosis no constituyen menor amenaza para la salud popular que la tuberculosis (…) Se crearán entonces sanatorios o lugares de consulta a los que se le asignarán médicos de formación psicoanalítica, quienes, aplicando el análisis, volverán más capaces de resistencia y más productivos a los hombres (…) Estos tratamientos serán gratuitos. Puede pasar mucho tiempo antes de que el Estado sienta como obligatorios estos deberes. Y las circunstancias del presente acaso difieran todavía más ese momento; así es probable que sea la beneficencia privada la que inicie tales institutos. De todos modos, alguna vez ocurrirá.”

 

Y ocurrió. Muchos años después, no sólo se han creado instituciones dedicadas a la atención y a la protección de los enfermos mentales sino que la Salud Mental es hoy un derecho para todos. Hoy guardo el sentimiento de esperanza para tiempos venideros que garanticen este derecho como tal.

 


[1] Freud, Sigmund. “Nuevos caminos de la terapia Psicoanalítica”. Obras completas, volumen XVII, Amorrortu, Buenos Aires, 1919, p. 162,163.